Cuando pensamos en el futuro de una ciudad, la imaginación suele llevarnos hacia grandes edificios, asfalto y avenidas muy pobladas. Sin embargo, en el Día Mundial de las Ciudades, nos gustaría poner el foco en otro lugar y pensar ¿cómo deben ser las ciudades que realmente queremos habitar?
Una ciudad verdaderamente desarrollada no es aquella que deslumbra por su infraestructura en el centro mientras invisibiliza sus márgenes. Este año, la conversación global sitúa el foco en la regeneración urbana como un catalizador para garantizar el derecho a una vivienda adecuada. No se trata de rediseñar espacios desde un escritorio distante, sino de transformar barrios enteros a través de estrategias de habitabilidad, con el objetivo de edificar comunidades más humanas y resistentes frente a la crisis climática.
Cinco grietas que exigen una mirada consciente
En América Latina y el Caribe, los desafíos de la urbanización no son solo datos en una planilla, son la experiencia cotidiana que condicionan la calidad de vida y el bienestar de millones de familias.
- La imposibilidad de acceder a un hogar: en el mundo, el 44% de los hogares inquilinos destina más del 30% de sus ingresos exclusivamente a pagar un alquiler, convirtiendo el acceso al techo en una carga financiera desproporcionada.
- La magnitud de la informalidad: más de 1.100 millones de personas en el mundo residen en asentamientos informales, la cifra más alta registrada en la historia. En nuestra región, 94,4 millones de personas (el 17,5% de la población urbana) habitan en barrios marginados, resistiendo día a día la falta de servicios esenciales.
- El drama del desarraigo: entre desplazamientos forzados por conflictos (más de 123 millones de personas) y desalojos provocados por proyectos de desarrollo urbano (64 millones entre 2003 y 2023), millones de familias se han visto obligadas a reiniciar sus vidas en la incertidumbre.
- El impacto ambiental y la vulnerabilidad: el sector de la edificación genera el 37% de las emisiones globales de CO2, mientras que los desastres climáticos amenazan con destruir 167 millones de viviendas para el año 2040 si no construimos con criterios de sostenibilidad.
- La fragmentación del territorio: diseñar proyectos habitacionales desconectados de los centros de empleo, del transporte público masivo y de la salud no resuelve la urgencia: profundiza la exclusión y divide a la sociedad.
Detrás de cada una de estas variables hay historias y rostros concretos. Más de 100 millones de personas en nuestro continente no cuentan con una vivienda adecuada, enfrentando a diario las consecuencias de un crecimiento urbano desigual.


La integración socio-urbana como único camino
Desde TECHO tenemos una convicción absoluta: no existirá un desarrollo urbano sostenible si seguimos dejando a los asentamientos informales al margen de la planificación de nuestras ciudades.
La verdadera regeneración no viene impuesta desde afuera; nace de la propia comunidad y de la articulación real con el territorio. La integración socio-urbana, el acceso a servicios básicos y la urgencia de garantizar viviendas dignas deben situarse de forma prioritaria en el centro de las agendas públicas y privadas. Las ciudades del futuro no se transforman por inercia; se edifican con voluntad política, inversión social estratégica y participación ciudadana.

La ciudad que soñamos no es una utopía inalcanzable, sino un proyecto colectivo que exige acción diaria. En este Día Mundial de las Ciudades, te invitamos a pensar, desde el lugar que ocupas en la sociedad, ¿qué estás haciendo hoy para construir una ciudad más justa, inclusiva y humana?
Escrito por Zoe Aramayo